Según
va avanzando la vida la podemos ir delimitando por días, años, etapas, e
incluso pruebas, desde que nacemos hacemos una constante búsqueda de nuestros
límites, cometiendo el repetido error de pensar que no lo superaremos, pero sin
embargo, aquí seguimos.
Si te
caes, hay que volverse a levantar, la claridad de algunas frases es
indiscutible, podemos quedarnos con el simple concepto de la lucha por seguir
hacia adelante, o rascar un poco más, profundizar en ello, y darnos cuenta que
lo importante no está en la continuidad del camino, te has caído, por qué, que
ha sucedido que te ha hecho tocar el suelo, qué piensas durante esas milésimas
de segundo en las que estás prácticamente en el aire, hasta que recibes el
impacto, y lo más importante, aférrate a la claridad que nace en tu interior en
el momento exacto en el que decides levantarte, y de nuevo en esos instantes en
los que estás trasladándote desde el suelo, hasta lo alto.
Siempre
estamos pendientes de nuestros pasos, pero, ¿Qué ocurre cuando el pie está en
el aire?
Dulce y
amarga locura, buscamos mera sencillez en nuestras vidas, sin apenas darnos cuenta
que lo cierto está en que el camino más tortuoso, la mayor complejidad, se
encuentra en el trayecto que hay antes de alcanzar esa misma, ciegos, sordos y
mudos deseamos algo que esconde la contrariedad más absoluta, consciencia
dentro de inconsciencia.
Queremos
lo que no tenemos, tenemos lo que en su día quisimos, pero ya no valoramos,
llanto y lágrimas son el reflejo de lo que ya hemos perdido, en el pasado
quisimos futuro, en el futuro anhelamos aquel pasado, y mientras dejamos
escapar este maravilloso presente que nos brinda oportunidades de futuro, y
aprendizajes del pasado.
Q.