Podemos seccionar toda nuestra vida por épocas, por acontecimientos, por años, por cursos académicos o por amistades.
Pero, una clasificación que suele olvidarse. Por lugares.
¿Cómo puede un pequeño trozo de tierra, muchas veces de unos cuantos metros cuadrados, guardar tantos recuerdos?
Muchas veces un bar, un local de la peña del pueblo, una clase del insituto, o una casa perdida en el campo...
Todo eso, lugares pequeños que frecuentamos en algún momento de nuestra vida, lugares que con solo oír su nombre te traen a la cabeza todo tipo de recuerdos y personas.
Por que esos lugares forman parte de tu vida, aunque tú no signifiques nada para ellos, y porque, muchas veces, es mejor no volver a esos lugares, porque es mejor echar la vista atrás, y ver que entonces todo era puro. Poder sonreír, y ver que nada va a manchar ese recuerdo, porque ese lugar está cerrado con llave.
Porque allí, nadie va a vivir nunca más cosas como las que has podido vivir.
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