Tras mucho tiempo de calma, tras una larga tranquilidad, cuando todo parecía estar inalterable, era inevitable, aunque inesperado, que llegara una tormenta. Y ahora me tocaba, mi tempestad ha llegado.
Me consideraré un chico con suerte, considerando que todos los sentimientos que este temporal levanta son agradables, a veces incluso placenteros. Y es que me estoy acercando a un mundo que ya había conocido, con unas sensaciones similares, aunque matices perceptibles... quizás sea que vuelvo a rozar el amor, y uso el quizás por quitarle importancia, o por miedo a querer reconocerlo del todo.
Pero, ¿cómo podría no estar enamorado cuando he pasado últimamente con esa persona las mejores sensaciones que he sentido hasta ahora desde hace medio año?
Y ha sido hoy, al besarnos bajo la mirada de los peces, en ese lugar vacío, cuando la chispa a acabado de saltar.
¿Y qué si no puedo reprimirlo?.
Las consecuencias no son decisión mía.
D
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